En una emotiva eucaristía oficiada este domingo en la Basílica Menor Nuestra Señora de Suyapa, la Iglesia Católica exhortó a la feligresía a examinar su compromiso espiritual, planteando una profunda interrogante sobre la respuesta humana ante la generosidad y el amor incondicional del Creador.

La eucaristía estuvo a cargo del diácono permanente Javier Suazo, quien guio a la feligresía a meditar sobre la generosidad y el servicio al prójimo.

Durante su prédica, el diácono Suazo enfatizó que Dios le ha provisto absolutamente todo al ser humano, por lo que resulta indispensable y justo cuestionarse de qué manera se está respondiendo a ese afecto supremo.

La fidelidad de Dios frente a la debilidad humana

Uno de los ejes centrales de la reflexión fue la constatación de que, a pesar de las caídas, el pecado y la arrogancia que a menudo caracterizan al hombre, la fidelidad divina permanece inalterable.

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En la reflexión, el diácono mencionó que, a pesar de las caídas, el pecado y la arrogancia que a menudo caracterizan al hombre, la fidelidad divina permanece. Foto cortesía.
El diácono Suazo señaló que Jesucristo representa "la piedra que los constructores han desechado" a través de las diversas situaciones de debilidad y flaqueza humana. No obstante, recordó que el Creador mantiene su palabra y continúa otorgando sus dones sin distinción.

Ante esta realidad, el representante de la Iglesia consideró plenamente válido evaluar la balanza espiritual: reflexionar sobre cuánto se ha recibido de Dios en el camino de la vida y qué tanto se le ha retribuido en la práctica diaria.

El servicio al prójimo como respuesta de fe

Hacia el cierre de su mensaje, el diácono recalcó que existe una urgencia espiritual por responder al llamado divino mediante frutos de bien. Según explicó, esta actitud permite comprender el origen genuino de la fe cristiana, la cual no puede concebirse de manera aislada o meramente teórica.

"Estamos llamados a ponernos al servicio de los demás, eso es dar respuesta a Dios", concluyó Suazo ante los congregados en el principal templo católico de la capital, instando a la comunidad a traducir la fe en obras concretas de solidaridad y amor al prójimo durante la semana que inicia.