La inteligencia artificial (IA) no matará literalmente de sed a la humanidad en el futuro cercano, pero su expansión sin controles ambientales podría competir por el agua que necesitan hogares, cultivos, hospitales y ecosistemas.

Una huella equivalente al consumo de 1,300 millones de personas
La Universidad de las Naciones Unidas proyectó que los centros de datos consumirán 945 teravatios hora de electricidad en 2030. La huella hídrica asociada alcanzaría 9.3 billones de litros, una cantidad equivalente a las necesidades domésticas básicas anuales de 1,300 millones de habitantes del África subsahariana.
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El cálculo incluye tanto el agua utilizada directamente para enfriar los servidores como la requerida para generar la electricidad que mantiene encendidos los equipos. En 2025, los centros de datos consumieron unos 448 teravatios hora: si fueran un país, ocuparían el puesto 11 entre los mayores consumidores eléctricos del mundo.

“Tenemos una ventana estrecha para asegurar que la revolución tecnológica se desarrolle dentro de los límites planetarios y beneficie también a sus comunidades”, advirtió Kaveh Madani, director del Instituto Universitario de las Naciones Unidas para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud.
El problema adquiere un rostro concreto cuando estas instalaciones se levantan en territorios afectados por sequías. El informe documentó presiones sobre el abastecimiento en Querétaro, México, y recordó que un proyecto intensivo en agua coincidió con la crisis hídrica que agotó las reservas de Montevideo, Uruguay, en 2023.
La amenaza depende de dónde y cómo se construyan los centros
Una investigación publicada por Nature Sustainability estimó que solamente los servidores de IA en Estados Unidos podrían alcanzar una huella anual de entre 731 y 1,125 millones de metros cúbicos de agua hacia 2030.

“Las trayectorias actuales de crecimiento difícilmente cumplirán los objetivos de cero neto sin una intervención política eficaz”, concluyeron los investigadores.
La mayor presión ya no procede únicamente del entrenamiento de grandes modelos. Entre el 80 % y el 90 % del consumo energético ocurre cuando las plataformas responden diariamente a miles de millones de consultas. Generar imágenes y videos requiere, además, mucha más energía que procesar textos sencillos.

El riesgo, por tanto, no está en cada pregunta aislada, sino en una infraestructura global que crece más rápido que la planificación hídrica.
La transparencia sobre el consumo, el uso de agua reciclada, los sistemas cerrados de refrigeración y la prohibición de instalar centros intensivos en cuencas vulnerables determinarán si la IA ayuda a resolver problemas humanos o abre una nueva disputa por el recurso más indispensable para la vida.





