El país, enfrenta una crisis económica en las finanzas públicas, esto debido a que la institución estrella del Estado, la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE), ahora se convirtió en el tiro en el pie de los gobiernos en Honduras desde hace más de dos décadas.
El Congreso Nacional (CN) después de un arduo proceso de socialización con todos los sectores, debate entre todas las bancadas de ese poder del Estado, esta semana parece que por fin encontró la amplia mayoría para la aprobación de la Reforma de ley al subsector eléctrico, además, marcar un punto de inflexión en la economía nacional y la energía en Honduras.
Las anteriores administraciones, solo han puesto paliativos a la hemorragia financiera e institucional de la ENEE o simplemente han ignorado el problema o por el contrario lo agudizaron.

La energía más cara es la que no se tiene
La administración Asfura decidió agarrar el toro por los cuernos y como una de sus primeras medidas fue enviar al Poder Legislativo, la reforma al subsector eléctrico de Honduras, que ataca el problema desde distintos ángulos, con medidas a corto, mediano y largo plazo, conscientes que la energía más cara es la que no se tiene.
La reforma energética impulsada por la Secretaría de Energía, ENEE y el Congreso Nacional planteó una transformación del sistema eléctrico para reducir pérdidas, atraer inversión y garantizar que hogares, hospitales, escuelas y empresas recibierán un servicio más estable.

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La iniciativa cobró importancia, porque, la ENEE perdió aproximadamente L40 millones diarios, equivalentes a cerca de L14,600 millones al año. Ese dinero dejó de financiar nuevas líneas, subestaciones, transformadores, mantenimiento y proyectos de generación que Honduras necesitó para responder al crecimiento de la demanda.
“La ENEE perdió aproximadamente L40 millones diarios mientras la reforma energética continuó pendiente de aprobación”, señaló un informe publicado por el Diario Nacional de Honduras.
Las pérdidas incluyeron fallas técnicas en redes antiguas, conexiones irregulares, energía consumida pero no facturada y problemas de cobro.
El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) explicó que estas ineficiencias generaron costos económicos, sociales y ambientales, deterioraron la infraestructura y afectaron principalmente a las poblaciones vulnerables.
En Honduras, la ENEE reportó pérdidas cercanas al 38 % de la energía disponible, un nivel que superó ampliamente los márgenes sostenibles del sector.

Reestructuración de todo el sistema
El secretario de Estado en el Despacho de Energía, Eduardo Oviedo, sostuvo que la reforma fortaleció a la empresa pública y reorganizó sus áreas de generación, transmisión y distribución. “Solamente la reforma fue la solución al problema energético”, afirmó el funcionario al explicar la necesidad de corregir las debilidades financieras y operativas acumuladas.
El presidente del Congreso Nacional, Tomás Zambrano, también rechazó que la propuesta.
“La reforma energética buscó mejorar el servicio y no privatizarlo”, aseguró el titular del Poder Legislativo, según informó el Diario Nacional de Honduras.

Sector energético hondureño está rezagado
La reorganización por áreas no constituyó una experiencia aislada.
Colombia, Perú, Argentina, Guatemala y El Salvador aplicaron reformas que separaron las funciones de generación, transmisión y distribución, fortalecieron la regulación y permitieron nuevas inversiones.
Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo identificó que Guatemala reorganizó completamente el sector desde 1996 y El Salvador lo hizo desde 1997.

La reforma también respondió a una realidad económica: la energía más cara fue la que no estuvo disponible.
Un apagón paralizó fábricas, dañó productos, interrumpió clases, afectó servicios médicos y redujo los ingresos de pequeños negocios.
Honduras necesitó producir más electricidad, pero también transportarla y distribuirla sin perder casi cuatro de cada 10 unidades incorporadas al sistema.
Sectores como el Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep) y el Consejo Nacional de Inversiones (CNI) señalaron que la ineficiencia en la estatal eléctrica tiene un costo invisible muy alta, porque estiman que ahuyenta la inversión extranjera hasta en $2,000 millones anuales.

El fortalecimiento de la ENEE representó, por tanto, una condición para atraer empresas, generar empleo y sostener el crecimiento nacional. La reforma abrió la posibilidad de convertir los recursos perdidos en inversión y de garantizar que la energía producida llegara efectivamente a la ciudadanía.








