Nicolle se despierta cuando el resto de Honduras todavía está en silencio. Son las 4:35 de la mañana. Mientras el mundo duerme, ella ya está repasando mentalmente una lista: la merienda de los niños, la nota periodística que debe entregar, el uniforme de la escuela y qué va a cocinar mañana para ahorrar tiempo.
Ella es periodista, pero también es mamá de Ana Lourdes, de 5 años, y de Leonel Arturo, que aún no llega a los tres. Y aunque tiene un esposo que la apoya, Nicolle vive lo que muchas hondureñas callan: la famosa «triple jornada».
Una vida en tres turnos
Para Nicolle, el día no es uno solo, son tres.
El primer turno empieza en la calle. Es la Nicolle profesional, la que busca la noticia, la que lidia con el estrés de los medios digitales y corre para dejar a los niños a tiempo. «Ese trabajo me da libertad, me hace sentir independiente», nos cuenta. Es su espacio para ser ella misma, lejos de los pañales y las ollas.
El segundo turno arranca a las 6:00 de la tarde. Al cerrar la computadora, no llega el descanso. Llega el «modo mamá»: tareas, baños, cenas y juegos.

El tercer turno es el más solitario. Empieza a las 9:00 de la noche, cuando los niños por fin se duermen. Mientras otros ven una serie o descansan, Nicolle empieza a asear la casa y a dejar el almuerzo listo para el día siguiente. Se duerme casi a la media noche, con el cuerpo cansado, pero la mente aun trabajando.
«La cabeza no descansa ni dormida»
Lo más pesado para Nicolle no es barrer o escribir; es lo que ella llama la carga mental. Es esa fatiga invisible de tener que recordarlo todo por todos.
«Creo que hasta que uno no es mamá no entiende. Es difícil ser buena empleada y, al mismo tiempo, estar pensando en la dosis del medicamento que le toca al niño. El cerebro no deja de funcionar ni cuando uno está dormido», nos cuenta con sinceridad.
Esa presión es tan real que Nicolle ha llegado a su límite. «Soy llorona», dice con una sonrisa, pero admite que ha tenido colapsos.
De hecho, hace poco renunció a un trabajo de diez años porque ya no podía más. Necesitaba aire, necesitaba tiempo, necesitaba que su salud mental fuera la prioridad antes de que el cuerpo le pasara factura.
Corresponsabilidad en el hogar: mas que «ayuda»
A diferencia de muchas mujeres que están solas, Nicolle tiene una red de apoyo: su mamá y un esposo que ejerce su paternidad al cien. Pero ella es clara: el hogar debe ser 50 y 50, sin excusas.
«Los hombres necesitan entender que no son menos por saber cómo se lleva una casa. Los dos deberíamos tener el número del pediatra, los dos deberíamos saber la dosis de la medicina. No es ‘ayudar’, es ser responsables por igual».

Un respiro para seguir
A pesar del cansancio que se le nota en los ojos, Nicolle no cambia su vida. Sus hijos son su motor, lo que la hace levantarse a las 4 de la mañana cada día, con ganas de luchar. Pero hoy, su mensaje para otras mujeres es más sencillo y humano:

«No somos egoístas por querernos ir a cortar el pelo solas. Antes de ser mamás o trabajadoras, somos seres humanos que necesitan tiempo. Está bien si algo no se hizo hoy; el mundo no se va a acabar».
Nicolle sigue ahí, entre noticias y abrazos de sus hijos, tratando de encontrar ese equilibrio tan difícil, aprendiendo que para cuidar a los demás, primero tiene que cuidarse ella misma.
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