En una operación contra el tráfico ilegal de armas en el oriente del país, la Policía Nacional logró desarticular la estructura criminal conocida como “El Chele”, capturando a cinco de sus principales integrantes.
Durante más de seis años, esta organización operó en distintos sectores del municipio de Danlí, utilizando fachadas comerciales y herramientas digitales para sostener un negocio ilícito que alimentaba la violencia.
Las investigaciones lideradas por unidades especializadas contra el crimen organizado, revelan una red bien estructurada, con roles definidos y un sistema de comercialización que combinaba métodos tradicionales con plataformas tecnológicas.
Una fachada comercial para encubrir el delito
De acuerdo con el informe de inteligencia, la banda era dirigida por José Benjamín Fonseca Montoya, alias “El Chele” o “Joche”, quien utilizaba un negocio de venta de ropa y calzado en el mercado del barrio Pueblo Nuevo como punto de distribución de armas de fuego.

Desde este local, aparentemente legítimo, se coordinaban ventas de armamento que incluían pistolas, fusiles, cargadores y municiones.
Las operaciones también eran dirigidas desde su vivienda en la colonia San Ángel, donde se concentraban actividades logísticas y de almacenamiento, esta situación entre comercio formal e ilegal permitió a la organización mantenerse activa durante años sin levantar sospechas inmediatas.
Estructura familiar «El Chele» y red de intermediarios
Las autoridades detallaron que la banda contaba con una organización jerárquica sólida, la hija del líder desempeñaba funciones clave como administradora financiera, encargándose de gestionar los ingresos provenientes de la venta ilegal.
Asimismo, otros miembros identificados con los alias “Barbero Tatoo” y “Pipa” actuaban como intermediarios en la compra y venta de armas, además de recibir transferencias bancarias vinculadas a las transacciones ilícitas, esta red facilitaba la distribución del armamento en distintos puntos del departamento.
Uno de los elementos más relevantes del caso es el uso de herramientas digitales para la coordinación de las ventas, según la investigación, las transacciones eran gestionadas a través de la aplicación WhatsApp, donde se negociaban precios, se compartían imágenes del armamento y se concretaban entregas.
Los pagos se realizaban mediante transferencias bancarias, evidenciando un esquema logístico moderno que dificultaba el rastreo inmediato de las operaciones, esto permitió a la organización ampliar su alcance y mantener una clientela constante.

Evidencia clave y operativo final
El golpe definitivo a la banda se produjo el 17 de noviembre de 2025, durante un allanamiento en la colonia San Ángel, en el lugar se decomisaron siete armas de fuego, 52 cargadores, 12 fundas y aproximadamente 2,500 proyectiles, además de un teléfono celular.
El análisis forense del dispositivo reveló más de 100 archivos multimedia en los que se promocionaban armas y se mostraba su funcionamiento, también se encontraron conversaciones y registros de transferencias que vinculan directamente a los detenidos con la actividad delictiva.
Una denuncia recibida semanas antes fue determinante para activar la investigación que culminó con la captura de los implicados.
Las autoridades sostienen que la proliferación de armas distribuidas por esta estructura habría contribuido al incremento de robos a mano armada en sectores como Pueblo Nuevo, San Ángel, Jamastrán y Trojes.
La desarticulación de la banda “El Chele” representa un avance estratégico en la lucha contra el crimen organizado en la zona oriental del país, las investigaciones continúan para identificar posibles remanentes de la red y evitar que este tipo de estructuras resurjan bajo nuevas modalidades.
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