Una tormenta invernal azotó a Nueva York a finales de enero y dejó al descubierto fallas en la protección de personas vulnerables. Tras días de pronósticos cambiantes, la nevada llegó un domingo por la mañana con ráfagas intensas y acumulaciones cercanas a 12 pulgadas.
Mientras vecinos disfrutaban la nieve y el ex campeón olímpico Shaun White realizaba acrobacias en Central Park, el alcalde Zohran Mamdani advirtió que el frío extremo podía ser mortal para quienes no tenían refugio.
Las muertes comenzaron antes de que cayera la nieve y aumentaron con la helada posterior. La ciudad confirmó al menos cinco fallecimientos previos a la tormenta y, días después, elevó la cifra a 16.
Las autoridades activaron el “Código Azul Mejorado”, ampliaron cupos en albergues y reportaron 170 traslados desde la calle. Aun así, el saldo convirtió al episodio en uno de los eventos invernales más letales de los últimos años, según datos municipales.

