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Yerry Mina, una apuesta de alto riesgo

Ernesto Valverde tenía claro el pasado verano que, si venía un nuevo central, el escogido debía ser Iñigo Martínez, recientemente adquirido por el Athletic. Incluso el presidente Bartomeu llamó a su homólogo en la Real Sociedad para informarle de que pagaría la cláusula de rescisión. El Barcelona, sin embargo, decidió echarse atrás tras saber del enfado de Mascherano. Pasaron los meses y el desenlace ya lo conocen.

El Jefecito forzó su marcha al fútbol chino el pasado mes de enero. Vermaelen, tras vivir sus mejores días como azulgrana, volvió a su rutina en la camilla. Y quien tomó una nueva taquilla fue Yerry Mina tras la insistencia del ahora plenipotenciario Pep Segura, su principal padrino. Poco sabía Valverde de las cualidades del defensa colombiano, más allá de su imponente presencia física (1,95 m.) y de sus incursiones ofensivas en busca del gol (ocho tantos en 33 partidos con el Palmeiras).

No esperaba el entrenador del Barcelona toparse con la cruda realidad tan temprano. Piqué intentará probar este miércoles su rodilla lastimada para cerciorarse de que no podrá jugar en Mestalla. Los médicos tenían el lunes claro que el futbolista, al menos, debería estar dos semanas de baja para asegurar su participación en Stamford Bridge el próximo 20 de febrero. Con Vermaelen todavía en proceso de recuperación, el único central nato que podría acompañar a Umtiti en Valencia es Yerry Mina. Se trata de un jugador por el que se han pagado 11,8 millones de euros y que, cerca de un mes desde su llegada, aún no ha debutado. El domingo contra el Getafe, con Umtiti sancionado, quizá no haya más remedio.

Otras soluciones

Valverde acostumbra a ser transparente en sus comparecencias públicas. No fue una excepción en la víspera del pasado derbi, cuando le cuestionaron acerca de los progresos de Yerry Mina: «El periodo de adaptación ya está cubierto, pero no estamos en pretemporada como para hacer pruebas. Andamos en competición pura y dura». Una afirmación que, visto lo ocurrido en las últimas semanas (Mina no ha logrado salir del banquillo en los cuatro partidos en los que ha sido convocado), y ante la posibilidad de certificar el acceso a la final de Copa, acercaría al técnico a explorar otro tipo de soluciones.

A saber, retrasar a Sergio Busquets al eje defensivo, posición en la que el mediocentro se encuentra especialmente incómodo; reubicar a Digne, con una fisura en un dedo de la mano; o reclutar al joven del filial David Costas.

Cuentan en la Ciutat Esportiva Joan Gamper que Yerry Mina no pierde ojo a Piqué en los entrenamientos. Pese a que el colombiano tiene pie y clase para sacar el balón tal y como requiere el sistema del Barcelona, se encuentra con la obligación de templar ese estilo volcánico y arriesgado con el que hizo fortuna en el Deportivo Pasto, el Independiente de Santa Fe y el Palmeiras.

Una larga inactividad

«Siempre trabajé y luché para conseguir esto, con los pies en la tierra y los ojos en el cielo», decía Mina el día de su presentación, cuando sorprendió a los allí presentes cuando se descalzó para pisar el césped del Camp Nou. «Todo lugar donde pise la planta de vuestro pie será vuestro» (Deuteronomio 11:24). El chico, muy creyente y que cuando marca siempre recuerda a su madre, Marianela, no hay momento en que no mencione a Dios para explicar su buenaventura.

Aunque la conquista de Mina viene por ahora condicionada por una larga inactividad. El último partido en el que participó fue el pasado 3 de diciembre, en el choque que sirvió para despedirse del Brasileirao.

Aún hay más. Mina sólo ha jugado cinco encuentros en los últimos siete meses. En buena medida porque una fractura en el quinto metatarsiano del pie izquierdo lo tuvo de baja entre agosto y octubre de 2017.

Yerry -así quiso su madre que se llamara en homenaje a Tom y Jerry-, vio que no seguiría la tradición familiar de porteros cuando encajó ocho goles en su primera experiencia. Se hartó a llorar. Aprendió a jugar descalzo en Guachené, un municipio de 20.000 habitantes de comunidad afrocolombiana que tiene en el cultivo de la caña de azúcar su principal actividad económica. Frente a siembras de yuca, plátano y piña perfiló sus caderas al ritmo de la salsa choke. El fútbol europeo sigue esperando su baile.

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