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Deportes

Un penalti devuelve la vida a un sufriente Real Madrid

Así sufre el Madrid, camino de su Grial, como un Cristo resucitado. Cristiano lo suplanta, brazos en cruz, tan implacable en el castigo como sufriente en el martirio. No hay equilibrio en su vida, sólo desequilibrios, hasta con el torso desnudo, pero benditos desequilibrios para su equipo. El fútbol tiene razones que la razón no entiende. Las padece el Barcelona y las supera el Madrid, en ocasiones demasiado pagados de sí mismos. La soberbia es pecado capital en el campo de juego. Uno se pregunta por su desdicha ante el espejo sin encontrar respuestas; otro sigue en la ruta de la Champions con la lección aprendida y el miedo en el cuerpo. La diferencia está en la fe, no en el árbitro, porque, con polémica o no, el Madrid siempre lleva a un hombre de blanco al lugar donde es imposible creer, al minuto que no existe, sea el 94 o el 97. Así gana el Madrid, hasta cuando pierde un partido, así gana su gloria.

Si hay algún equipo que se le parece es la Juventus, el Madrid de Italia. En Chamartín hizo realidad la utopía, al devolver el 0-3 de la ida con fútbol, aplomo y orgullo, sobre todo, orgullo. Ver a Buffon expulsado después de reencontrarse con su juventud es una pena. La repercusión de lo que significaba el penalti, en el tiempo de prolongación, de Benatia sobre Lucas Vázquez, desbordó las emociones, también las del portero. Merecía morir de pie en el campo. Arbitrar es entenderlo, no recitar el reglamento de memoria. En tiempos difíciles para Italia, con su selección fuera del Mundial, la actuación de la Juve y la clasificación de la Roma es motivo de orgullo para los ‘tifosi’. El ‘calcio’ vive.

Nada hacía previsible semejante desenlace. Sólo había un elemento que generaba inquietud en el Madrid, y era la inestabilidad de su defensa, por las ausencias de Nacho y Sergio Ramos. Tardó un minuto en hacer aguas, el tiempo que empleó la Juventus en adelantarse, la mitad que su rival en Turín. Si había una forma de alimentar un sueño, la había encontrado. Zidane decidió lo natural, central por central, Vallejo por Sergio Ramos, en lugar de mover las piezas en función de su jerarquía. Eso podría haber hecho, por ejemplo, al retrasar la posición de Casemiro. No obstante, si Vallejo estaba o no para estas lides, ni siquiera le dio tiempo a comprobarlo al propio jugador. En un partido se gana confianza a medida que se toca el balón, se crece con la pelota. Vallejo no tuvo tiempo. A partir de ahí, un flan.

Casemiro, en su sitio, fue precisamente quien perdió un balón clave ante el jugador que iba a revelarse como el verdadero tormento del Madrid. Douglas Costa es un extremo eléctrico, con desborde, uno de los valores más apreciados en el fútbol actual, cada vez más maduro en lo táctico, porque permite eliminar piezas por si solo. En Chamartín, no se limitó a las bandas. El brasileño corrió por todas partes, un diablo. Cada uno de sus eslalones producían el efecto de un latigazo sobre un Madrid sufriente, cargado de dudas por la inesperada situación que provocó el primer gol. En la acción concreta, avanzó, cedió a Khedira en la derecha y el alemán centró para el remate de Mandzukic en la banda opuesta.

En un minuto y unos segundos, la Juventus había descubierto el talón de Aquiles del Madrid: su banda izquierda. Por el mismo camino llegaría el segundo tanto, después de media hora, y de una forma mucho más naif. Lichtsteiner, que había sustituido a De Sciglio, lesionado, volvió a repetir el centro y, de nuevo, Mandzukic remató a la red. La diferencia es que en esta ocasión, la acción era más previsible, no provocada por una situación de inferioridad tras pérdida. El gigante croata apenas tuvo que saltar porque quien intentaba oponerse era Carvajal. Lo primero que habría que preguntarse es por qué era el lateral, uno de los más bajos de la plantilla, quien estaba con el delantero. Carvajal fue el mejor del Madrid, pero esa no era su labor. Era evidente que a la defensa le faltaban ajustes y aplomo. La que tiene un cacique como Sergio Ramos no es poca, a pesar de las imprecisiones que a menudo se le reprochan. Es oportuno recordarlo.

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