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Sevilla vs Leganés: 16 finales contra un anhelo

Qué goloso es ponerse del lado del pequeño. Lo hace el aficionado con asiduidad, siempre que no interfiera en la contienda el equipo de sus amores ni le mueva el odio propio de ver jugar al máximo rival. Cuando se habla del ‘espectador neutral’, ese ser inexistente que nadie ha conocido pero muchos hablan de él como si fuera real, lo habitual es sentarse junto al más débil. Si pierde, no habrá sorpresa ninguna, y si gana, la alegría es inmensa. Vestirse con camiseta nueva, sin estrenar, y mirarse al espejo, gusta. Por eso las simpatías hacia el Leganés se multiplican según avanza la Copa del Rey. Podrían llenar ya un estadio entero de ‘neutrales’ dispuestos a vocear por los blanquiazules.

Pero este miércoles, cuando arranque en el Sánchez Pizjuán la vuelta de las semifinales de la Copa contra el Sevilla (21.30 horas, Telecinco), los pepineros estarán solos en casa ajena. Solos con su anhelo, con el deseo de jugar algo con lo que jamás pudieron soñar, una final. Y enfrente, el equipo que vive de ellas. El Sevilla acostumbrado a besar metal y también a dejarlo marchar. A eso se aprende tras 16 finales en lo que va de siglo.

Tres con dos títulos en la Copa del Rey. Otras tres con un trofeo en la Supercopa de España. Cinco más con un entorchado en la Supercopa de Europa. Cinco de cinco en la Europa League. Y todo desde el año 2006. Por ahí se llega a las 16 grandes noches de los hispalenses, no todas con confeti, claro. Pero el bagaje es suficiente para entregarle el favoritismo a los chicos de Vincenzo Montella, al que en un mes le ha dado tiempo a vivir la humillación de una derrota contra el Betis y también a dibujar los contornos de un equipo nuevo, de no más de 12 o 13 hombres dispuestos a correr tanto para delante como para atrás.

“Avergonzado por el resultado”

«No es un partido, es el partido», confiesa el italiano días después de un doloroso5-1 liguero ante el Eibar en el que armó una alineación con algunos suplentes, pero no tantos como para encajar tal goleada. «Estoy avergonzado por el resultado, no de la alineación. Para mí era algo lógico poner a ese equipo. Fue una decisión pensada». Su once se recita ya casi de memoria, con Jesús Navas reconvertido en lateral derecho y Muriel en punta.

Sin duda, los sevillistas firmarían estar en esta situación hace meses. Tras en 1-1 en Butarque, la clasificación está más cerca, casi en la mano. Pero también una mano, la que no metió con acierto el guardamenta Sergio Rico hace una semana y permitió el empate de Siovas, es la que da esperanza a los madrileños. Mucho menos les hizo falta para seguir creyendo antes de pisar el Santiago Bernabéu en los cuartos de final. El Real Madrid, y antes el Villarreal, son sus presas recientes, las muescas en el cinturón del matagigantes. Aunque minutos después del primer choque con los andaluces, Garitano avisó: «Va a ser diferente. Cuando tocó el Villarreal, el ambiente allí no suele ser muy fuerte. En el Bernabéu lo mismo y más con un 0-1 que llevó el Madrid. Ahora es todo lo contrario». El Pizjuán aprieta y ahoga.

«El premio es ganar, no jugar la final ni llegar hasta aquí. Lo demás no nos vale. La idea es tener la mentalidad de competir y pasar, ese es el único objetivo», reflexiona el técnico vasco, otro hombre de ideas fijas que ha vivido un ascenso con su actual club en Segunda B en el campo de L’Hospitalet delante de 6.000 aficionados, hace apenas tres años. Por eso, pese a jugar ahora ante 50.000 almas, la presión será cosa de otros. No se sufre igual en la mejor liga del mundo.

Si no nos regalan prórroga ni penaltis, antes de la medianoche habrá un finalista copero. Bien el rey de las finales, bien el equipo apoyado por toda una ciudad, y por esos miles de ‘espectadores neutrales’ que simpatizan con el equipo que soñó a lo grande.

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