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Moha, el niño pantera de Zidane

Cara de crío, cuerpo de nadador y reflejos de karateka. Marcelo le ha bautizado como Dida, por su aire a aquel guardameta brasileño, y Cristiano le fusila a pelotazos en sus sesiones privadas al finalizar los entrenamientos. En el banquillo del Real Madrid estará mañana en el derbi un portero suplente que podría entrar en la historia, si el destino le hace un guiño. La baja de Keylor Navas, todavía en recuperación, así como la de Luca Zidane, el tercer cancerbero de la primera plantilla, ha empujado al quicio de la élite a Moha, un nene canario con genes africanos que sería el debutante más joven en el siglo largo del club blanco, si Kiko Casilla tuviera cualquier problema. Batiría entonces a Canales, que en 1984 por culpa de la huelga de futbolistas, se estrenó con 17 años y 292 días, y también a su ídolo, Iker Casillas, que se presentó en San Mamés con 18 años y 115 días. Moha cumple la mayoría de edad en abril, así que tiene margen para apropiarse del récord.

“¿Contra el Atlético? Yo te digo que no le temblarían las piernas para nada”, apuesta Alfonso Fernández, el presidente de su primer club en Tenerife, el UD Longuera, en el municipio de Los Realejos. Allí le pusieron pronto el apodo de Pantera por su imponente físico, siempre por encima de la media, siempre escrutada su ficha con sospechas por árbitros y rivales, que dudaban de su edad. Éstos le temían. Porque además de enladrillar la portería, muchas mañanas decidía los partidos marcando faltas o penaltis.

“Tiene muy buen pie”, asegura Manolo Ramos, padre feliz por la aparición de su hijo en la rutina del campeón de Europa, aunque sea por ahora como pieza de complemento. Cruza dedos para que le llegue la oportunidad. La carrera de muchos de los grandes porteros ha estallado así, por una roja inesperada o un infortunio del titular.

El momento invita a soñar, con el radar del Real Madrid hace tiempo activado en busca del futuro dueño del marco, una posición siembre delicada. Se sigue con atención a Kepa, del Athletic, y a otros como el milanista Donnarumma… pero y si como sucedió con Casillas ¿la solución se encuentra en la cantera?

Llopis le eligió

“Él está tranquilo. Entrenar cada día con el mejor equipo del mundo y entrar en las convocatorias es una experiencia increíble para él, como si estuviera haciendo un máster de preparación”, define su padre, recién mudado a Madrid para vivir con Moha. Ha acelerado su jubilación como guardia de seguridad especialista en explosivos para acompañar a su hijo en estos últimos pasos antes de llegar al profesionalismo. Le hace de chófer, cocina para él y conocen juntos la capital, tras cumplir el portero con los libros de Bachiller cada tarde. Han elegido casa en Paracuellos del Jarama (“al lado de la de Belén Esteban”, ríe Manolo), para estar a tiro de piedra de Valdebebas.

Fueron siempre los dos contra el mundo desde que su madre, senegalesa que llegó a Tenerife en una banda de música, regresó a su país. Padre e hijo haciendo cuentas para llegar a final de mes. Ese verano de 2016, Manolo apretaba la nómina para comprarle los libros escolares, mientras el Madrid estudiaba su fichaje. “No lo hagas, lo quieren. El club costeará su educación”, le avisó Sixto Alfonso, el ojeador con más tino de las Islas Canarias. Silva, Vitolo o Jesé son descubrimientos suyos.

“Fui a ver a otro niño, pero me fijé en un portero que casi daba con la cabeza en el larguero. En ese partido, en un penalti, le dijo al lanzador que chutara por la derecha, éste lo hizo por la izquierda y allí lo paró con una súper estirada”, recuerda del día que conoció a Moha, con alma madridista desde crío, según garantiza su padre, a pesar de que vistió un tiempo la camiseta de la escuela que el Barcelona tiene en la isla. Incluso fue nombrado mejor jugador de un torneo infantil en Japón.

Su calidad, el pasaporte español y sus 190 centímetros a esa edad fueron un imán para el espía del Real Madrid. Cuatro años en el Tenerife y billete a la residencia de la cantera blanca. “Como todos los canarios, lo pasó mal al principio”, confirman Sixto y Manolo. Lloraba por teléfono el pequeño gran Moha al llamar a casa. Los psicólogos de Valdebebas le ayudaron, mientras conquistaba a Guti, el técnico del Juvenil A. Después fue Luis Llopis, el gurú de los porteros que trabaja con Zinedine Zidane, quien le señaló para subir junto a las estrellas, primero la pasada temporada en algún entrenamiento suelto y en la actual como tercer portero, tras la lesión del hijo del entrenador francés.

La dura competencia no asusta a Mohamed Airam Ramos Wade, promesa de sangre caliente, admirador de Rafa Nadal (su Biblia dice que es), seguidor del fútbol sala (va a los partidos del Inter Movistar a ver a Ricardinho) y fanático de la NBA y la NFL. También con manías, como buen portero: si es titular toca los tres palos y habla con ellos para pedirles buena fortuna. “Está tranquilo y feliz en el vestuario. Todos le tratan muy bien”, explica el padre del jugador más joven del Real Madrid.

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