Sin-título-100

Sin-título-100

Sin-título-100

Sin-título-100
Deportes

Messi niega la Liga al Atlético

El cielo debía tener la respuesta. Hacia allí voló la pelota, embrujada desde el mismo momento en que recibió el impacto del botín de Messi. Saúl y Diego Costa saltaron todo lo que pudieron para ver si conseguían atraparla. Les fue imposible. Para desgracia de Oblak, que sabía que el cielo devolvería ese balón con un efecto rotatorio imposible de descifrar. Para desgracia del Atlético, que acabó por entender que si Messi pretende la Liga, nada basta. Ni siquiera la fe. Esta época es suya. 

La tarde, que nació emocionada ante el homenaje a Quini y el desconcierto por el fallecimiento del capitán de la Fiorentina, Davide Astori, exigía la mejor virtud del Barcelona y el Atlético. El primero debía demostrar que la obra de gobierno de Ernesto Valverde es realmente consistente. El segundo, que su trepidante acelerón del último mes fue algo más que un ejercicio pirotécnico. La respuesta resultó evidente en un partido en el que los azulgranas gobernaron con mano de hierro a los de Simeone en el primer tiempo, y resistieron con grandeza en el segundo.

No hay persona que aborrezca más la sorpresa y el caos que Valverde. Alineó el técnico al mejor once posible, es decir, con Coutinho. Aunque el brasileño tuviera que escorarse a la derecha en ese 4-4-2 parido para extremar el orden.

A la propuesta le daba todo el sentido del mundo Andrés Iniesta. El manchego es de aquellos futbolistas que intuyen cuándo es su día. Durante 22 minutos, el capitán azulgrana fue Rudolf Nuréyev entre esos cuatro mediocentros con los que Simeone pretendía corromper el baile. Thomas, Gabi, Koke y Saúl, cuyo rendimiento fue desesperanzador, se miraban entre ellos sin entender nada. Iniesta abría líneas, creaba superioridades y sorteaba, pero también recibía, las patadas que hicieran falta.Un mal costalazo invitó a la prudencia, aunque fue mientras trataba de sostener una entrada de Vrsaljko cuando su bíceps femoral dijo basta. Aguantó un rato, pero tuvo que acabar implorando el relevo. André Gomes, silbado por la hinchada, fue otra cosa. Ya se sabe.

Simeone y los cuatro delanteros

En cualquier caso, las ocasiones de gol había que masticarlas hasta el hartazgo. Coutinho, más suelto en la orilla izquierda dejada por Iniesta, lo probó un par de veces tras el gol de Messi. Encontró la firme oposición de Oblak. Mientras, La Pulga, que corrió en las transiciones defensivas como si no hubiera mañana, dejaba su muesca en un partido de pierna dura con una patada al tobillo de Filipe Luis que le costó la amarilla.

Simeone, consciente de que no sólo se le escapaba el partido, sino también la Liga, intentó promover un segundo de acto de ida y vuelta que le devolviera la vida. La presencia de Diego Costa y Griezmann era del todo fantasmagórica, así que el técnico rojiblanco cargó cuanto pudo el ataque con Correa Gameiro, aunque para ello tuviera que mandar a Thomas al lateral derecho.

El esfuerzo del Atlético por atrapar siquiera el empate fue del todo inútil. En buena medida porque los futbolistas del Barcelona no se arrugaron ni una sola vez en los duelos directos y encontraron siempre motivos suficientes como para seguir presionando. Griezmann, que nunca marcó en el Camp Nou, tiró una pelota a las nubes como quien lanza una piedra al océano. Piqué, encomiable en la lucha contra su propia rodilla, Umtiti Busquets, imperiales en la contención, incluso husmearon la sentencia.

La tarde ya podía morir. Un fuera de juego de Diego Costa invalidó un tanto de Gameiro. Un rato antes lo mismo le había pasado a Luis Suárez, atrapado todo el partido en la jaula de Giménez. Poco importó. El Barcelona negó la Liga al Atlético. Ocho puntos de ventaja, con Messi como rival, son ocho vidas.

LEAVE A RESPONSE

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *