La moringa: un arma contra las enfermedades crónicas.

Esta planta originaria del Himalaya tiene grandes beneficios para la salud. Estudios han demostrado que podría hasta ayudar a tratar condiciones como la diabetes y la hipertensión.

Si las plantas pudieran ser superhéroes, el árbol de moringa (Moringa oleifera) sería uno de ellos. Aunque es originario de las estribaciones del Himalaya en la India, puede crecer en la mayoría de las regiones tropicales y subtropicales. Tolera bien la sequía, crece rápidamente, tiene hojas que se pueden usar como biofertilizante y sus semillas pueden ayudar a purificar el agua. Hoy en día, la moringa se encuentra con mayor frecuencia en India y Filipinas, pero su cultivo está aumentando en Asia, África, América Central y el Caribe.

Algo aún más interesante sobre este árbol es que es un alimento, una verdura y un medicamento. Cada parte del árbol se puede consumir: hojas y frutas jóvenes (vainas) como alimento; y las semillas, la corteza, las flores y las raíces como medicina.

Las hojas son muy nutritivas: una vez cosechadas y secadas, contienen 30% de proteínas, todos los aminoácidos esenciales y abundantes niveles de vitaminas y minerales.

Los árboles tienen un mecanismo natural de defensa contra el estrés ambiental y las plagas: unos compuestos químicos únicos, conocidos como fitoquímicos, que incluyen antioxidantes y otros componentes protectores. Cuando se consumen estos compuestos, también protegen a las personascontra diversas afecciones y enfermedades.

En una investigación postdoctoral en la Universidad de Rutgers, en la que se trabaja con productos botánicos para tratar la obesidad y la diabetes, demostramos una manera simple de aprovechar los potentes compuestos anti-inflamatorios en las hojas de moringa.

La seguridad y eficacia de la moringa ha sido revisada y ha mostrado prometedores avances en el manejo de la diabetes y el riesgo de enfermedades cardiovasculares.

¿Cómo funciona?

Muchos fitoquímicos, especialmente los compuestos de defensa que la planta utiliza para alejar a los insectos, se almacenan como compuestos inactivos. Cuando las hojas son trituradas o masticadas por un insecto, se produce una reacción enzimática en la que se libera esa sustancia. Estos compuestos actúan como un potente agente antiinflamatorio en nuestro cuerpo.

Cuando tenemos una condición de salud subyacente como cáncer, diabetes u obesidad, nuestros cuerpos reaccionan de manera exagerada y causan una inflamación crónica que desequilibra al cuerpo, ya que siempre está en «modo de pelea». Si bien la inflamación aguda puede ayudar al cuerpo a sanar, como cuando nos cortamos un dedo, la crónica puede ser perjudicial para la salud porque el sistema inmunológico está trabajando en exceso. La inflamación también puede causar un procesamiento inadecuado de las azúcares y toxinas a las que estamos expuestos. Los fitoquímicos de la moringa pueden ayudar a reducirla.

Los compuestos bioactivos en la moringa se denominan isotiocianatos (ITC) y son similares a los que se encuentran en el brócoli, el repollo y la arúgula, lo que les da un ligero sabor a pimienta. En el laboratorio, pudimos patentar un simple proceso de trituración de las hojas cuando están frescas, para liberar los ITC activos, y luego secarlas y llevarlas a un polvo que contenga algunos de los compuestos vegetales más beneficiosos para la salud.

Autor entrada: tnhgorvy

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