La Champions como afrodisiaco para el Madrid

El campeón busca el pase a octavos para olvidar los desvelos en Liga

Zidane: “Tengo salud y me dedico a mi pasión. ¿Cómo no voy a ser positivo?”

Acude el Real Madrid a la isla de Afrodita en busca de un poco de cariño para paliar los desvelos que la Liga le causa, un tormento desde septiembre que amenaza con estropearle el sabor final de un año que iba de maravilla hasta que tocó reanudar las rutinas de los fines de semana. Ahí apareció el cansancio físico y mental después de los meses del confeti. Con los moratones del derbi aún recientes (la frustración con la sequía goleadora, los golpes recibidos, el enfado con el árbitro…), retoma la Champions League, su zona de confort, para asegurarse el pase a los octavos de final. No tiene más opción que hacer un buen encuentro en casa del modesto Apoel para que el virus liguero, que también le afectó en Wembley, no le castigue de nuevo en su competición favorita, la que domina en las últimas temporadas.

Un empate, si el Borussia no gana este martes al Tottenham, le bastaría para entrar en la eliminatoria de febrero, pero no deberían los blancos especular si quieren recargarse de autoestima y, sobre todo, mantener el tipo en el continente. Tan importante es lograr los objetivos como dar imagen de bloque ganador y temible de cara al sorteo del próximo 11 de diciembre. Sería todo un coco, si va de segundo, para los valores al alza que asoman en este otoño de la Copa de Europa: ese PSG o ese City faltos aún de la bendición continental. Si las bolas son traviesas, puede dibujarse un duelo de mucho nivel en el primer cruce camino a la final de mayo.

Con los tres puntos de hoy, el Madrid encararía el último partido de la liguilla, en el Bernabéu ante el Borussia (6 de diciembre), sin presión, tan sólo pendiente de la carambola que le diera de forma inesperada el liderato del grupo (tendría el Tottenham que tropezar dos veces). Ni Zinedine Zidane ni sus jugadores temen demasiado al hándicap de jugar el partido de vuelta de los octavos fuera del Bernabéu. Su buen manejo de la presión ambiental será importante en el pequeño campo del Nicosia, con 20.000 aficionados a voz en grito disfrutando del lujo de tener enfrente al gigante blanco.

“Un día para cambiar”

Por aquí pasó el Madrid de Mourinho en 2012 en aquella bicoca de cuartos de final antes del disgusto de los penaltis contra el Bayern. La Champions estira sus límites cartográficos en estos destinos orientales, con el polvorín sirio a 120 kilómetros, pobre alojamiento, los soldados de la ONU patrullando la Línea Verde (la frontera que divide la ciudad) y una enorme bandera turca iluminada en la falda de la colina hacia la que mira el estadio. El jaleo de policías en el hotel del Madrid era máximo, al coincidir ayer con el presidente de Egipto, Al Sisi, en plena cumbre mediterránea.

Bajo severas medidas de seguridad, el campeón de Europa se entrenó dándole vueltas a sus problemas goleadores. Tras tocar fondo en la anterior jornada, ante el Tottenham, y recuperar sensaciones, al menos en el juego, contra el Atlético, anima Zidane a los suyos a olvidar los temblores. Hace unos meses, una cita como la de hoy, ante tan humilde adversario, animaría a hacer quinielas sobre rotaciones. Sin embargo, las necesidades del Real Madrid ponen en cuestión la filosofía del francés. ¿Sacudirá su once ante el Apoel? Algún rostro fresco debería aparecer en el ataque y el centro del campo, pero…

«Todos estamos mejor, no jugamos mal y estamos creciendo. En el tema del gol hay que marcar y la racha cambia. Esperamos que mañana sea un día para cambiar», dice el entrenador francés, que trata de contagiar su optimismo. «Tengo salud y me dedico a mi pasión. ¿Cómo no voy a ser positivo?», se pregunta con toda la razón del mundo.

Autor entrada: tnhgorvy

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