Grecia sale de la era de los rescates con un 25% menos de PIB.

Ocho años, tres rescates, un corralito, un default y 273 mil millones de euros -32 mil del FMI- después, Grecia sale de su último programa de ajuste, cuya negociación casi acaba con el euro en 2015. Lo hace, eso sí, bajo la atenta mirada de los hombres de negro que seguirán escudriñando las cuentas griegas durante años.

No habrá celebraciones en Bruselas. Nadie descorchará botellas de champagne en la Comisión Europea porque no es una misión cumplida ni una victoria. Grecia sale de su tercer rescate pero no está ni mucho menos salvada, tras perder el 25% de su PIB en esos ocho años.

El legado de la crisis griega es una dolorosa realidad para sus ciudadanos que han perdido el 40% de su poder adquisitivo. La deuda griega casi dobla su PIB (180%), el paro continúa en cifras desorbitadas (20,2% y 42,3% entre los menores de 25 años) y los niveles de pobreza y exclusión social, que alcanza al 35,6% de la población, son alarmantes.

Aunque consciente de que queda mucho por hacer, Bruselas también cree que hay datos para la esperanza. El crecimiento, que se situó en un 1,4% en 2017, ha vuelto a Grecia; las finanzas del país son más sostenibles con un superávit del 0,4% el pasado año y la confianza de los mercados, el rendimiento de los bonos a 10 años ha pasado 23,9% en 2012 a menos del 4% en 2018, se va restaurando poco a poco.

La Comisión entiende que la mejora de la situación es fruto de un programa de reformas estructurales sin precedentes que sienta las bases para la estabilidad, el crecimiento y la sostenibilidad, algún día, de las finanzas helenas. Pero no es suficiente. “Grecia necesita un crecimiento mayor, más inclusivo y sostenido”, coincide el jefe de la misión del FMI en el país, Peter Dohlman.

Al Gobierno de Alexis Tsipras, que ha tenido que renunciar a buena parte de sus promesas electorales para salvar al país de la catástrofe de haber abandonado el euro, le queda aún una amplia batería de reformas por delante, que afectarán a la política fiscal, el mercado laboral o la administración pública.

“Rindo tributo al pueblo griego por su resiliencia y compromiso europeo. Sus esfuerzos no serán en vano”, prometió Jean-Claude Juncker en junio.

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