El túnel de Griezmann

El 21 de mayo, Griezmann rompió a botar (literal) sobre el césped del Calderón. Acababan de ganar al Athletic en el último partido del ya viejo estadio y, como despedida, los jugadores del Atlético, actuales y leyendas, fueron reclutados por megafonía. Antoine salió junto a Oblak, Moyá y Saúl, que sostenía la Supercopa de España ganada al Real Madrid (2014). De repente, tras anuncarse su nombre, atronó un cántico desde la grada: «¡Madridista el que no bote, es!». Y el francés, con zapatillas, pantalón de chándal y camiseta rojiblanca de manga larga entró en trance. Como si así cerrase la herida abierta tras el último derbi liguero del Bernabéu que el Atlético empató con un gol suyo: «¿Jugar en el Madrid? No descarto nada».

Al día siguiente, oficializaba sus coqueteos con el United. Y su particular jugueteo duró hasta que el TAS cerró el mercado al Atlético: «Sería un golpe sucio salir ahora». Una semana más tarde, Antoine ampliaba un año (hasta 2022) su contrato y se convertía en el mejor pagado de la plantilla: 10 millones netos. Su cláusula de 100 kilos, en cambio, se mantenía intacta.

El repaso de aquellos días de marejada viene a cuento por la extraña situación que, seis meses después, vive hoy en lo futbolístico y lo emocional. En el Atlético nunca había permanecido tanto tiempo lejos del gol. Siete partidos sin ver puerta y 769 minutos maldiciendo tras errar ocasiones, algunas claras. Esclavo a veces por tener que ejercer como único punta puro y sin ese alegre revoloteo hacia la medular con el que daba aire al equipo y a sí mismo. Puede que todo ese cóctel le haya ido crispando.

Enfados de niño

Sin embargo, desde los despachos del club rojiblanco no le dan mayor importancia. A Griezmann, simplemente, lo ven como un niño y consideran que sus enfados vienen porque no le salen las cosas. Eso sí, son conscientes de que cumplir los objetivos pasa en gran medida por lo que él haga en el campo.

Su última celebración, de penalti frente al Chelsea (27 de septiembre), no valió para nada. Esa noche fue el epílogo a sus 10 días de oro en este curso: el primer gol del Wanda Metropolitano ante el Málaga, la exhibición en Bilbao con dos asistencias de crack y el último en Liga, ante el Sevilla. Fue una réplica feroz a la roja en Girona que le costó dos partidos.

Griezmann llega anestesiado al primer derbi del Wanda. Aunque hace dos cursos fue al Bernabéu tras cinco partidos seco y acabó certificando la primera derrota de Zidane. Una sequía exclusiva con el Atlético, porque el pasado viernes marcó en París ante Gales. Tras esa diana pisó otro charco. «¿Soñarías con una delantera con Mbappé, Neymar y Griezmann?», le preguntaron en un programa de la televisión gala. «Sí». Como si su tiempo en Madrid se hubiera agotado. Y es que en las oficinas del club creen que lo normal es que se vaya en verano porque la situación con la afición está al límite. Su cláusula de 100 millones es hoy un chollo e incluso el Barça suspira por él para tapar el hueco de Neymar.

Koke: “Le veo comprometido”

A este recién casado Griezmann no se le ve tan enchufado como antes. Y no es (sólo) cuestión de números, porque apenas se salen de lo habitual. En la 14/15 había marcado dos veces en Liga y otras tantas en Champions: acabó con 25. En la 15/16 llevaba uno más en Primera (3) y los mismos en Europa: llegó a 32. Sólo el año pasado, como excepción, había hecho seis en Liga pero en Europa sólo un doblete ante el Rostov: hizo 26. La estadística dice que su pegada se agranda en segundas vueltas. «Estoy feliz con mi juego. Sólo me sentí presionado cuando mi hija tenía meses», aseguró en una entrevista a LaLiga. «Le veo comprometido; pero quién no lo esté, que se vaya», dijo ayer Koke en la renovación de Plus500 como sponsor hasta 2021.

Simeone confía ciegamente en él porque es su pieza más exclusiva. Y por eso, también, no le pasa una. Le dio un tironcito de orejas cuando lamentó no tener «un jugador que gane partidos» o sacándole del campo con 0-0 frente al Leganés o en Riazor, último partido. Pero al Cholo no se le olvida cómo Antoine se dejó el alma para quitarle la pelota a Marcelo en el área contaria en las semifinales de Champions. Tampoco que tres de los últimos cuatro goles al Madrid fueron suyos, con aquel penalti rematado con los dos pies. Fue el último derbi y en él asomó Griezmann.

Autor entrada: tnhgorvy

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