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El idilio de Zidane con la Champions: cuando la rutina es ganar

Villar Perosa es un pequeño pueblo en los Alpes, a 45 kilómetros de Turín. Allí la familia Agnelli, dueña de la FIAT y de la Juventus, tiene su mansión veraniega. Columnas, techos altos, jardín inmenso, picos aún con nieve en el horizonte. Cada verano, el presidente del club abre la pretemporada allí, en este palacete del siglo XVII, dando una emotiva charla a sus jugadores. A los veteranos les saluda con afecto paternal y a los nuevos les recuerda las esencias de la entidad. «En este jardín han estado, igual que vosotros ahora, los más grandes de nuestra historia», les advierte. De Sivori a Platini, de Del Piero a Zidane. Así lo repasa Andrea Agnelli, ante el silencio de su escuadra. La escena, secreta hasta ahora, sale a la luz en una cuidada serie documental que la plataforma Netflix ha realizado sobre el resurgir de la Juventus tras el fiasco en la última final de la Champions. «Será una temporada extremadamente dura», vaticina esa mañana de julio il padrone.

El destino coloca de nuevo a los italianos ante el monstruo que les goleó en Cardiff, el Real Madrid de Zinedine Zidane. Entre las ganas de revancha y la lógica prudencia, el universo Juve recibe al campeón para jugarse una plaza en las semifinales. El poderoso salto competitivo de los blancos ha alterado los papeles, con el respeto (y los complejos que antaño arrastraban los españoles) instalados ahora en el cuadro turinés, a pesar de la buena racha en eliminatorias que lucen ante su rival. Que desde aquella tanda de penaltis gloriosa de Buyo en 1986, el Madrid no haya podido superar un cruce ante la Juventus es un simple aviso estadístico. Pesa más el reciente duelo en la capital galesa, por mucho que en 2015 un Morata vestido de bianconero dejara al equipo de su vida a las puertas de la final de Berlín. Ni aquella Juve de PirloPogba y Tévez es la actual, ni aquel Madrid con Chicharito a la desesperada es el de hoy.

En la banda blanca gobierna además un entrenador imbatido en la Champions, con un pleno histórico en las eliminatorias. Si de jugador ya demostró su buena mano con el trofeo más bonito del continente (volea en Glasgow), de técnico cuenta sus participaciones por triunfos. En 2014, como ayudante de Carlo Ancelotti levantó la Décima, y después, en 2016 y 2017, ya como primer espada, enlazó dos títulos más. La historia de Zidane es curiosa, porque de corto pudo comprobar los venenos legendarios de los dos equipos que esta noche se enfrentan. Cuando era juventino, sufrió el filo madridista en las finales. Le tocó ver en directo el despertar blanco en la Copa de Europa, 32 años después.

En Amsterdam, siendo los italianos favoritísimos, el Madrid se impuso para abrir su etapa de color en la competición de los campeones. Perdió el francés, pero fue un demonio en la primera parte, casi imparable para los Hierro y compañía. Ese día se presentó al mundo, para conquistarlo dos meses después con su selección en Saint Dennis (dos goles suyos en la final contra Brasil). «En la Juventus aprendí mucho como persona, me acogieron como una familia. Venía joven», recordaba este lunes, antes de comparar a los dos escudos: «Tienen el mismo ADN: pelear hasta el final».

Más adelante, ya en el Madrid, mordió la hierba del viejo estadio Delle Alpi en dos ocasiones (2003 y 2005), deshecha la tropa galáctica una vez en semifinales y otra en octavos. Los blancos esfumaron fantasmas en Cardiff, con una salida primorosa a la vuelta del descanso. «Nos faltó serenidad al encajar el 2-1. Ante el Real hay que aguantar en el partido. Ellos también conceden», desliza Massimiliano Allegri, el entrenador juventino. «¿Venganza? Para nada, aquello nos da experiencia. Poco tiene que ver una final con una eliminatoria a dos partidos», advierte.

Tras meses de mala resaca, el Madrid parece ahora recuperar el brillo del último mayo, rápido, poderoso en el juego y con un cuchillo portugués arriba. ZZ cuenta, como entonces, con 16 futbolistas en plena forma, tan provechosos en el once titular como saliendo desde el banquillo. Podría, si gusta, repetir la foto de la final, si regresa Isco. O, si prefiere más carga ofensiva en la delantera, tiene a Bale en perfecto estado de revista. Y sus opciones no se detienen ahí, porque la dupla juvenil Asensio-Lucas ya demostró ante el PSG que está lista para citas de altura. Allegri apuesta: «Jugará Bale».

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