El deporte del futuro: partidos cortos, cámaras indiscretas y más redes sociales

No falta mucho para que el deporte, o el espectáculo deportivo, o ambas cosas, dejen de ser lo que son. De la mano de una revolución tecnológica que llegó para quedarse, el deporte profesional -sus aspectos organizacionales, económicos y competitivos- ingresó en una dimensión impensada. Con espectadores cada vez más exigentes, todo partido pasó a ser un desafío para quienes lo protagonizan, lo consumen, lo difunden y lo venden. De esa evolución imparable, de los nuevos paradigmas y de los cambios que el deporte moderno atraviesa gracias al auge tecnológico, se ocupó una Cumbre Internacional de Deporte y Tecnología desarrollada días atrás en Tel Aviv, con temperaturas agobiantes afuera (nunca menos de 32 grados) y una enorme avidez dentro del edificio de la Bolsa. Avidez de los expositores por contar y mostrar, y también de los inversores y de la prensa internacional (Clarín fue el único medio argentino presente) por entender y transmitir.

Desfilaron por la Cumbre responsables de las principales cadenas deportivas de TV, representantes de asociaciones deportivas (la NBA, la NFL, la Liga española de fútbol), ex deportistas y jóvenes emprendedores israelíes, unidos por su pasión por el deporte y la tecnología y por su necesidad de entender hacia dónde va la cosa.

Caso 1: Dos cámaras automáticas, movidas por inteligencia artificial, captan todo lo que ocurre en un partido. Un papá recibe las imágenes en su celular y asume el rol de director: mueve los dedos, aproxima a su hijo y elige seguirlo sólo a él. Graba cada uno de sus aciertos y, mientras el juego continúa, sube el video y lo comparte a través de una red social con familiares y amigos. Todo, en tecnología 4K y con la nitidez de una tele Súper HD.

Dos: Un club advierte huecos en las plateas cuando juega el equipo. Y se sorprende, porque los abonos se habían agotado rápido. Recurre a expertos que solucionan el problema: un programa estudiará la conducta y los hábitos de los abonados y sabrá “recuperar” los tickets no utilizados, compensando a sus dueños. El club vuelve a venderlos, la recaudación real aumenta y el estadio luce completo. Negocio redondo para todos.

Tres: Una cámara se instala en el borde de una pileta olímpica. Mide los movimientos, la cantidad de brazadas y la velocidad en el giro de tres nadadores que se mueven a la vez con tres estilos diferentes. Sin relojes ni silbatos, el entrenador sigue los resultados, analiza y corrige. Hay progresos cotidianos y sorprendentes.

Cuatro: Un sofisticado sistema de sensores, sin micrófonos ni cables, capta hasta las más imperceptibles indicaciones de los entrenadores y los diálogos entre jugadores. El contenido llega al responsable de la televisación, que en cuestión de segundos puede descartar las voces o utilizarlas para enriquecer la transmisión.

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