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Alegría en familias hondureñas con beneficios de Vida Mejor.

Tegucigalpa, 13 de febrero. Dalila Isabel Henríquez Flores, vecina de la colonia La Rosa de Comayagüela, nunca olvidará este día ni el momento en que utilizó por primera vez la llave para abrir la puerta de su nueva casa, que recibió bajo el programa presidencial Vida Mejor.

“Estoy muy feliz porque hoy tengo lo que tanto anhelaba”, le dijo doña Dalila al presidente Juan Orlando Hernández y a la primera dama, Ana García de Hernández, que hoy visitaron a los habitantes de La Rosa.

“Tengo mi casita bien preciosa”, insistía con alegría doña Dalila, quien ahora dejará de pagar 1,500 lempiras de alquiler junto a su esposo Carlos Antonio Argueta y su hija de 15 años, Isny Damari Argueta.

“Tenía ocho años de tener mi terreno abandonado por falta de recursos, pero Dios puso a un presidente que mira la necesidad de los pobres y yo soy uno de ellos con mi casita”, dijo.

Tras recibir de parte de la pareja presidencial su vivienda, que cuenta con todas las comodidades, doña Dalila agregó con alegría que “lo que está a la vista no se necesita anteojos. Todos es una realidad porque mi casita aquí está”.

Doña Dalila confió que está desesperada por habitar su nueva vivienda, pero aseguró que es cuestión de horas.

Ecofogones y pisos de cemento

A una cuadra de la casa de doña Dalila, salía humo de la residencia de Pastora María Moncada, que junto a su hermana Norma Orellana echaban tortillas para vender.

Mientras Norma molía el maíz, Pastora limpiaba el ecofogón que recientemente le entregó el Gobierno a través del programa Vida Mejor.

Pastora acepta que no es primera vez que es beneficiada por el Gobierno del presidente Hernández, pues en su cocina se puede ver un ecofogón de adobe y un filtro de agua potable, que recibió anteriormente.

“¿Cómo no le vamos a agradecer al presidente?”, se preguntó Pastora para seguidamente contestar: “él nos  ha apoyado en todo momento”.

Para el caso –mencionó- gracias al piso de cemento “ya no aguantaremos lodo en tiempo de invierno ni polvo en verano”.

También –dijo- “con el ecofogón me convertiré en una microempresaria de la tortilla junto a mi hermana Norma”.

Muy cerca de allí, doña Juana Francisca Rodas Macoto, de 85 años, también disfrutaba de su ecofogón, cocinando los alimentos del almuerzo.

Con lágrimas en sus ojos, doña Juana no pudo ocultar su emoción y contó que el ecofogón le ha cambiado la vida.

“Antes cocinaba en mi estufa de gas, recibiendo la humazón que me afectaba el pecho, y así como a los niños que habitan en la casa, porque pasaban mucho tiempo con gripe”, relató.

En el ecofogón doña Juana hace las tortillas de la casa y cocina la comida para sus hijos y nietos.

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